¿Puedo subir a una IA una foto de otra persona?
Cada vez utilizamos más herramientas de inteligencia artificial para transformar fotografías, crear imágenes, generar avatares o modificar escenas. Pero, ¿podemos utilizar para ello una fotografía de otra persona que nos han enviado?
No necesariamente.
Una fotografía en la que una persona sea identificable es un dato personal. Por tanto, subirla a una plataforma de inteligencia artificial, transformarla o generar nuevos contenidos a partir de ella supone un tratamiento de datos personales.
Recibir una fotografía no significa poder utilizarla para cualquier finalidad
Que una imagen haya sido compartida en un grupo de WhatsApp, publicada en una red social o enviada directamente no implica una autorización general para utilizarla con inteligencia artificial.
El uso que se haga de la fotografía debe analizarse en función de su finalidad y de la base de legitimación que corresponda.
Además, cuanto más se aleje el nuevo uso del contexto en el que la fotografía fue compartida y menor sea el control de la persona sobre ese uso, mayor será el riesgo y más exigente deberá ser el análisis.
¿Qué ocurre cuando subimos la imagen a una IA?
El riesgo no está únicamente en el resultado que pueda generar la herramienta.
Al cargar una fotografía en un sistema de IA, la imagen pasa a ser tratada por un proveedor externo. Pueden existir procesos de almacenamiento temporal, copias técnicas, sistemas de seguridad, moderación u otros tratamientos que la persona que aparece en la imagen desconoce.
Además, determinadas herramientas pueden utilizar los rasgos de una persona para generar nuevas imágenes o vídeos en diferentes situaciones, aumentando la posibilidad de usos posteriores no previstos.
Los riesgos pueden ir mucho más allá de una simple edición
Una imagen generada o modificada mediante IA puede difundirse, descontextualizarse o utilizarse para atribuir a una persona hechos que nunca han ocurrido.
La AEPD destaca especialmente los riesgos relacionados con la reputación, la sexualización, la humillación, la suplantación de identidad y el uso de imágenes de menores o personas especialmente vulnerables.
Por ello, antes de introducir una fotografía de otra persona en una herramienta de IA conviene preguntarse:
- ¿La persona es identificable?
- ¿Para qué finalidad se obtuvo originalmente la imagen?
- ¿Existe una base de legitimación para este nuevo uso?
- ¿Qué hará el proveedor con la fotografía?
- ¿Cuánto tiempo puede conservarla?
- ¿Existe riesgo de que el resultado perjudique a la persona?
Que una herramienta permita técnicamente utilizar una imagen no significa que podamos hacerlo sin más.
La inteligencia artificial ofrece grandes posibilidades, pero también introduce nuevos riesgos para la privacidad. Utilizarla de forma responsable implica valorar estos riesgos antes de subir imágenes de otras personas.
En ARAUSER ayudamos a las organizaciones a identificar y gestionar los riesgos asociados al uso de la inteligencia artificial, integrando privacidad y cumplimiento normativo en su utilización.